Principal Primera
Síndrome de Estocolmo
Estoy buscando calles que
me recuerden a ciudades en las que nunca me haya equivocado. Donde el
desconocimiento de un idioma extravagante sea la única razón
por la que no entiendo a nadie. Hasta que llego a algún lugar
donde las grúas dicen que hay que cambiar. Parecen exigir que
pongamos buena cara. Entraré en un locutorio. Te dejaré
un mensaje de casi esperanza. Conferencia a corta distancia. Aquí
estoy raptado por el presente imperativamente ausente. Hasta que
llego a algún lugar donde las grúas dicen que hay que
cambiar y que el pasado no ha servido para nada.
Quiromancia
Sigo tus pasos hacia donde
nunca he ido. No me importa decir que vengo desde donde nunca he
salido. El cambio de estación desordena tu pelo. El futuro sin
pies en el suelo. Nuestras palmas son una red de cables y vías.
Quiero fundir las tuyas con las mías. No tengo horario. He
perdido un tren y 1300 días. Dentro de qué bloque
estás? Quiero amasarte. Así cambiarás líneas
en mis manos que van a decirte “todo parece muy simple si la
soledad es compartible”. Sin toda la ropa que nos sobra.
Vestidos de convicción. Son eso complejos de clase o sólo
urgencias cotidianas que hacen que no sepa tu nombre?
El Día de la Luna
Mi bandera no ondea más.
Nuestra nave no hace sombra a ninguna otra. No estamos en la Luna
porque nadie estuvo allí nunca. No somos nosotros los grandes
mentirosos de la historia. Un pequeño paso más, otro
gran desliz para la humanidad. Aquí estamos otra vez
destinados a una misión especial. Redescubriendo la atracción
de los cuerpos, la crueldad dominical y la venganza del puto día
de la Luna por si hubo o no un beso después de doblar tus
sábanas. No estamos en la Luna porque nadie estuvo allí
nunca.
Rima Disonante
Hoy me apetece hablar de
ello. De si fue poco lo que pasó. De lo mucho que está
pasando. Del amor que rima con dolor. Repetiré que lo siento.
Que oigo la respiración del pasado tan presente en esta
habitación. No quiero acabar siendo los libros que regalé.
Me está encarando el flexo. Esta noche le hablaré al
insomnio a la pared.
La Venda Negra
Gírate un momento.
Inclina la cabeza un poco más. Así hacia abajo. Se te
deshace el lazo de tu venda negra. Aún así veré
tus ojos desaparecer cuando te ríes tanto que puedes llorar.
Mirabas siempre hacia delante como si allí fuera estuviera el
mar. Encendías velas en la orilla de mi opacidad.
M.R.U.V.
Demasiado jóven
para mirar la evolución de las obras. Demasiado viejo para
pensar que eres tú cada vez que el teléfono suena. La
alegría de la independencia y el temor al aislamiento son
intercambiables como maniquíes y dependientas, escaparate o
realidad vestida de color indiferencia. Se lleva el ningún-lugar.
Quemo la verdad sobre la almohada. Esperando algo más o para
dejar de esperar.
El Beneficio de La Duda
Amasamos tal fortuna
haciendo de funambulistas. Siempre los bolsillos llenos de confianza
en las alturas. Cuanto interés prestabas gracias al beneficio
de la duda. Bailamos Toni Moré sobre cristales rotos. Estelar
la incertidumbre en el cielo allí tán cerca. Cargo con
el beso de la gravedad de la certeza de que hay cosas que pasan y
otras que te ocurren una vez nada más.
Urgencias
Ni un consejo más.
Ni palmadas en la espalda. No vendrás a decir mi voluntad sin
usar palabras que no se me hayan ocurrido a mí jamás.
“Tiempo al tiempo”, “espacio al espacio”: son
divanes en los que nunca me voy a recostar. La impaciencia bebe con
la soledad. Les veo brindar por los efectos secundarios de la
realidad. Algunas cosas nunca se superan. Sólo supuran y se
cuelan -afiladas- en las cajas -apiladas- de mi enésima
mudanza.
Dinamita
No hay un escenario ideal
para la escena del final. Ni tu fe ciega ni el problema están
hechos de cartón-piedra. El puente de Brooklyn tiembla.
Manhattan me recuerda al Gernika. Todos los rascacielos evidencian el
papel que nunca querré jugar. Como interpretar esta mierda
entre mi talón de Aquiles y estos ojos pintados de vijilia? El
puente de Brooklyn tiembla. Manhattan me reguerda al Gernika. Hay
fuego en tu boca. En mis labios, dinamita.
Segundas Residencias
No me puedo encomendar a
ningún otro lugar . Le he bajado las persianas a esta ciudad.
En la sombra no se está tan mal. He decidido por unanimidad
que el desarraigo no va a ser más mi segunda residencia. Me
abanico con las palabras en las trampas que nos puso el habla. Quiero
aceptar el riesgo de estar descalzo en tu casa. Ir demasiado lejos
para llegar más cerca una vez más. Veo las fiestas
desde la terraza. Cuando el Agosto no es ya una amenaza. Sabes que
los fuegos artificiales están hechos de nuestras feromonas?
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